REPARTO DEL TRABAJO
      y
      SALARIO SOCIAL

      Antxon Mendizabal


      La financiación de las propuestas

      En un primer escenario que afronte las tareas más urgentes, la financiación del reparto del trabajo y del salario social exige un balance que equipare, en una determinada proporción, las necesidades financieras y los recursos financieros.

      Necesidades Financieras

      Para la evaluación de estas necesidades tendríamos que considerar:

      • El coste de los nuevos puestos de trabajo derivados de la supresión de las horas extraordinarias = 0.

      • El coste de los puestos de trabajo creados con la reducción del tiempo de trabajo = a+b

        a = coste salarial anual medio de un puesto de trabajo x número de empleos creados.

        b = cuota patronal media a la seguridad social x nº de empleos creados.

      • El coste le las jubilaciones anticipadas = valor medio de una pensión de jubilación x número de nuevas jubilaciones.

      • Coste del salario social = a + b + C

        a = salario social anual unitario x nº de desempleados.

        b = salario social anual unitario x nº de mujeres trabajando en el hogar.

        c = prestaciones complementarias (hasta cubrir el salario social) a subocupados/das, trabajadores/as a tiempo parcial y pensionistas.

      Recursos Financieros

      En el capítulo de los nuevos recursos financieros, para el conjunto de la C.A.V. y Nafarroa, tendríamos que considerar:

      • El ahorro de las prestaciones al desempleo y la pobreza; que contabilizaban en 1.996, la cantidad de 104.680 millones para el conjunto de Hego Euskal Herria.

      • Los recursos generados por el incremento de la productividad horaria media, derivada del menor número de horas trabajadas; que pueden ser significativos pero de difícil evaluación.

      • Los recursos generados de la lucha contra el fraude fiscal. Así, algunas estimaciones consideran que el fraude conjunto en las figuras impositivas más importantes (rentas salariales, RAEPA, IVA, Impuesto de Sociedades, rentas de capital), en Hego Euskal Herria para el año 1.993, alcanzaba los 600.000 millones, de los que podrían recuperarse la mitad (300.000 millones).

      • Los recursos adicionales generados por una reforma fiscal que grave los altos salarios, los patrimonios y las rentas de capital, reinvirtiendo el carácter netamente regresivo del actual sistema impositivo en Hego Euskal Herria.

      • Los recursos generados con la reorientación del gasto presupuestario, transformando las prioridades actuales favorables a los macro proyectos económico-culturales (T.A.V., Gugenheim), a los enormes proyectos de infraestructura, y en especial, a los enormes gastos policiales y de seguridad destinados contra nuestro propio pueblo; combatiendo además los procesos de privatización, corrupción y despilfarro persistentes en el sector público.

      • Los recursos potenciales derivados del cuestionamiento de las transferencias financieras que en calidad de "cupo" Hego Euskal Herria abona al Estado. Como todos/as sabemos, estas cantidades (alrededor de los 300.000 millones anuales) son utilizados para financiar los proyectos estratégicos (económico-sociales, políticos, culturales y lingüísticos) que asientan la dominación del Estado Español sobre nuestra lengua, cultura, territorio y nacionalidad.

      Balance

      Como quiera que la única cuantificación de las necesidades financieras y de los recursos financieros, ha sido la planteada por Herri Batasuna, expondremos a título ilustrativo, un balance sintetizado, con los datos elaborados por este movimiento popular, que aborda la financiación del salario social y de una reducción de jornada de 35 horas, con mantenimiento de los niveles salariales, correspondiente a la duración de un año (contenido en su programa a corto plazo).

      Necesidades financieras:

      • El coste de 19.800 puestos de trabajo derivados de la supresión de las horas extraordinarias = 0

      • El coste de los 66.582 puestos de trabajo creados con la reducción del tiempo de trabajo. = 131.699 + 39.510 = 171.209 millones.

        • Coste salarial total = 131.699 millones.

        • Coste cotizaciones patronales a la Seg.Social = 39.510 millones.

      • El coste de 10.000 jubilaciones anticipadas = 16.800 millones.

      • Coste del salario social = 87.938 + 93.052 =180.990 millones.

        • Coste salario social de 92.318 desempleados/das = 87.938 mill.

        • Coste prestaciones complementarias = 93.052 millones.

      • Coste total = 368.999 millones.

      • Coste total, con deducción gastos seguridad social = 312.689 mill.

      Recursos financieros;

      • Prestaciones al desempleo y la pobreza = 104.680 millones.

      • Lucha contra el fraude fiscal = 300.000 millones.

      • Reforma fiscal = 15.000 millones.

      • Reorientación del gasto presupuestario = 78.000 millones.

      • Transferencias financieras al Estado (el cupo) = ?.

      • Recursos totales = 497.680 millones.

      ************************

      Como podemos observar, la totalidad de los recursos financieros obtenidos alcanzan los 497.680 millones (sin considerar el cuestionamiento del actual "cupo"), que financian ampliamente las necesidades financieras (368.999 millones) derivadas de la implantación del salario social y de una reducción de jornada laboral a las 35 horas semanales con mantenimiento del salario.

      Además, habría que rebajar las necesidades de financiación a los 312.689 millones, eliminando los 56.310 millones de cotizaciones sociales patronales que deben ser extraídos de la seguridad social vía presupuesto del Estado. Queda pendiente la progresiva financiación del salario social para el sector poblacional que no se integra en los baremos de la población activa (adecuándolo a la peculiar problemática del sector mayoritario constituido por las mujeres que trabajan en el hogar).

      Las cuantificaciones de necesidades y recursos presentados en el Balance son evidentemente orientativos, pero muestran la posibilidad real de tener, en el actual contexto de Hego Euskal Herria, recursos en cantidad suficiente para cubrir las nuevas necesidades de financiación que plantearía una política de reparto del trabajo y de implantación del salario social.


      El Trabajo Comunitario

      El reparto del trabajo resulta insuficiente para integrar al conjunto de los excluidos/das en el mercado de trabajo. En esta situación, el "trabajo comunitario" tiene como finalidad facilitar la integración en este mercado de los que aún permanecen excluidos/das. Este trabajo comunitario posibilita el protagonismo de los/las trabajadores y ciudadanos en las tareas productivas y reproductivas de una sociedad; permite la integración de los excluidos/das, solventa necesidades sociales, fortalece e integra la comunidad, impulsa la creación de valores de uso y desarrolla la responsabilidad de los/las miembros de la comunidad. La concreción del trabajo comunitario puede adoptar diversas modalidades. Propondremos algunas de estas modalidades para su aplicación en Hego Euskal Herria:

      • La puesta en funcionamiento de un sector autogestionado (empresas cooperativas, comunitarias, municipales, etc.) de utilidad social (en palabras de Lipietz), subsidiado por el sector público (complementando sus remuneraciones con los recursos generados por la propia actividad en el mercado) e implantado en bienes y servicios de baja rentabilidad pero de reconocida utilidad social (estudios de impacto medioambiental, mantenimiento del entorno ecológico, fortalecimiento del patrimonio cultural, iniciativas de ayuntamientos, demanda de centros de enseñanza, hospitales, servicios de asistencia domiciliaria, ofertas vacacionales, etc.).

        Impulsando la participación socio-productiva y orientado hacia la satisfacción de las necesidades sociales, este sector prestaría especial atención a aquellas actividades relacionadas con la reproducción de la vida y el trabajo históricamente asignado a la mujer (guarderías, apoyo escolar, cuidado de los enfermos/as, acompañamiento de ancianos/as, lavanderías públicas, etc.).

      • La implantación de la "participación social activa" (según el concepto acuñado por el economista vasco Santi Duñabeitia) que estructuraría, en un primer nivel, al sector de la población que habiendo finalizado su formación no se ha integrado en el mercado de trabajo, ni normalizado como componente de la población activa plena. El nuevo modelo atendería con especial esmero el mantenimiento y desarrollo del capital intangible de este sector, (particularmente su formación permanente, motivación y cualificación) concebido como estratégico para nuestra comunidad. Impulsada y financiada por el sector público y gestionada de manera descentralizada, la participación social activa estaría destinada a vehiculizar el potencial productivo-creativo de este sector en la satisfacción de necesidades sociales y a regular su progresiva incorporación en el proceso productivo global.

        En un segundo nivel, la participación social activa vehiculizaría las iniciativas, esfuerzos y saberes de la población adulta (jubilados/das, adultos fuera del mercado laboral, etc.) orientando sus esfuerzos hacia el desarrollo comunitario y la producción de bienes y servicios de utilidad social. En este segundo nivel, la participación social activa recuperaría los mecanismos de solidaridad intergeneracional manteniendo en todo momento las oportunidades de participación y aportación de este sector en la vida, y proyecto del conjunto de la comunidad

      • La producción directa de bienes comunitarios de utilidad social, realizada bajo la iniciativa, diseño, financiación y control del sector público (implicando a los municipios en su realización) al objeto de mejorar el entorno ecológico, urbanístico, cultural y político de nuestra comunidad (labores de rehabilitación urbana, implantación de mediatecas populares, campañas de euskaldunización, centros populares de temas vascos y cultura euskaldun, proyectos de inter-comunicación, proyectos de investigación, etc.)


      La nueva dinámica de acumulación

      Es importante articular esta dinámica con el proceso de acumulación. No podemos olvidar la función que han jugado la exclusión y la precarización en la reproducción de las condiciones económicas (reducción salarial), sociales (flexibilización laboral), políticas (nuevas relaciones de autoridad) e ideológicas (individualismo, corporativismo e insolidaridad) de la nueva fase de acumulación. Por lo tanto hay que considerar también las consecuencias económicas, sociales, políticas e ideológicas de la aplicación del reparto del trabajo y de la renta básica sobre el proceso de acumulación.

      No obstante, en el momento de la crisis del régimen de acumulación fordista podemos dar un salto cualitativo, reivindicando un cambio de régimen en este terreno. Así, las nuevas medidas de reparto del trabajo y de la riqueza serán mucho más efectivas si se integran en un nuevo sistema de acumulación que reduzca progresivamente el número de horas trabajadas, de manera que los incrementos de productividad se destinen sistemáticamente (además de a las necesarias inversiones empresariales) a reducir el tiempo de trabajo y a desarrollo comunitario. La nueva dinámica de acumulación nos permite también frenar la depredación ecológica y tal vez reorientar el modelo de consumo hacia una recuperación ecológica, política y cultural de nuestra comunidad en Hego Euskal Herria.


      Reparto de la riqueza y proyecto de libertad

      La cristalización de este proceso exige abordar el modelo de desarrollo y su interacción con la libertad. Aquí es preciso resaltar la decisiva significación de un modelo propio, participativo y autogestionario; de la cultura activa y de la democracia participativa. El desarrollo y la emancipación son sólo tales en la medida en que los afectados/das y las sociedades concretas sean los sujetos reales de su propia emancipación.

      En este sentido conviene recordar que, coherentes con sus postulados eurocentristas, desde muy diferentes ángulos y particularmente desde los partidos y sindicatos del Estado-Nación, se nos repite hasta la saciedad que los problemas fundamentales de las sociedades humanas son la pobreza y el paro, de manera que dejan siempre intactas las relaciones de dominación. Así planteado, estas fuerzas sociales y políticas reducen el reparto del trabajo y la riqueza a un exclusivo problema de distribución desde el Estado-Nación y los separan del mundo de la emancipación política y de la esfera de la libertad.

      Pues bien, el problema de la pobreza y el paro desvela la vital necesidad de las sociedades humanas de superar las relaciones de dominación y más concretamente la incapacidad estructural de muchos pueblos y comunidades de regir su destino y diseñar un modelo de desarrollo ajustado a sus prioridades y necesidades. El reparto del trabajo y la riqueza está, en la época actual, intrínsecamente unido a la superación de la cultura de la sumisión y a la lucha por la libertad.

      Las medidas del reparto de la riqueza, concretadas en el reparto del trabajo y el salario social, son pues inherentes, para las comunidades humanas, a un modelo de participación y libertad. A su vez, ellas inciden sobre los proyectos de emancipación y libertad; les dan calor, contenido y color, introducen la equidad y dignifican la comunidad. Son estos contenidos los que "cualifican" el proyecto de libertad. La equidad sin libertad y la libertad sin equidad, fracturan ambas a nuestra comunidad.


      El espacio territorial de la nueva dinámica

      Continuando con lo ya expuesto y en el interior de unas coordenadas de desarrollo en el que los afectados/das son los protagonistas de su propia y multidimensional emancipación, el ámbito territorial y comunitario donde se inserta esta dinámica de reparto de la riqueza y el trabajo, tiene a nuestro juicio diferentes niveles.

      Corresponde en primer lugar al ámbito de nuestro proceso de reconstrucción nacional, es decir, al conjunto de Euskal Herria (con fases y velocidades diferentes en Hegoalde e Iparralde). Dicho de otra manera, hace referencia al ámbito de nuestra lucha concreta por nuevos espacios de democracia y libertad, que pasan hoy por el autogobierno, nuestra democracia propia y el derecho de autodeterminación. Corresponde en segundo lugar a ese espacio de coordinación y cooperación con otras regiones del mundo desarrollado, que en el respeto recíproco de los diferentes proyectos, apuesta por la regulación de medidas en el sentido indicado (reparto de la riqueza, reparto del trabajo, nuevo sistema de acumulación).

      En este sentido, es preciso evaluar que cuanto más amplio sea el espacio económico-político donde se insertan estas medidas, menor será su costo y mayor la eficacia de su aplicación. Así, una política de este tipo a nivel europeo permitiría afrontar con holgura la reducción de jornada y la compensación salarial, sin verse seriamente afectados por la concurrencia de países que actuarían en sentido contrario. Por ello, el espacio territorial de la nueva dinámica es, en tercer lugar, el de nuestro proyecto alternativo europeo. Un proyecto, que contrariamente a la construcción actual, cimente en el espacio político (democracia, los derechos de los pueblos, solidaridad internacional), social, ecológico y cultural, su posterior diseño económico.

      La nueva dinámica exige en cuarto lugar abordar el reparto del trabajo y la riqueza a nivel planetario y mundial, considerando la actual fase de globalización y abordando las realidades Norte-Sur. Esta es una cuestión decisiva y no sólo por razones de justicia, sino por motivos de pura necesidad y eficacia socio-política para nuestro propio y particular proyecto de emancipación. Comentaremos en este sentido que hace mucho estamos planteando, desde el mundo abertzale, la necesidad de establecer una renta social básica, que se deriva de los derechos de las personas en tanto que tales, a nivel planetario y mundial; asentando sobre esta base( en convergencia con las necesarias disposiciones en el orden político y cultural) la regulación de otras medidas económico-sociales a nivel internacional.


      Reparto de la riqueza y modelo de desarrollo

      De manera adicional a la referencia explicita ya expuesta que une intrínsecamente la conquista de los logros sociales al mundo de la libertad, es decir, a la participación y al protagonismo de los afectados/das (los trabajadores/as y pueblo de Euskal Herria en nuestro caso concreto) en el diseño social que satisfaga sus necesidades y aspiraciones; expondremos algunas directrices significativas del modelo de desarrollo, inherentes a la aplicación de las medidas del reparto del trabajo y de la riqueza.

      Estas directrices van encuadradas en una nueva concepción que identifica el desarrollo al crecimiento articulado y equilibrado de la esfera económica, social, ecológica, política, cultural y lingüística de una sociedad (en contraposición al "desarrollo" de la época franquista que unía un fuerte crecimiento económico a la destrucción del resto de las esferas citadas y a la carencia de libertad).

      Clave social contra el modelo neoliberal

      En primer lugar, enmarcaremos nuestras propuestas considerando que en Euskal Herria las medidas de reparto del trabajo y la riqueza son una clave social fundamental de la contraofensiva global contra el imperialismo, los Estados-Nación y el modelo neoliberal. Mas en concreto, hay que introducir el reparto del trabajo y de la riqueza en el proyecto del nuevo modelo de relaciones laborales, en el nuevo modelo de desarrollo, en el nuevo proyecto de Autodeterminación y en el nuevo proyecto de sociedad.

      La cuestión ecológica

      En segundo lugar, las medidas de reparto del trabajo y de la riqueza permiten abordar la cuestión ecológica, o dicho de otra manera fortalecen un modo de desarrollo que permite a los seres humanos dominar sus condiciones de existencia y planificar el porvenir siendo solidarios con las generaciones venideras. Precisaríamos en este sentido que:

      • El reparto del trabajo y de la riqueza hacen referencia a una noción de "pleno empleo" diferente a la concepción productivista. Aquí, el pleno empleo se deriva del reparto del trabajo y del fomento de trabajo comunitario fuera de la lógica del mercado y ello nos permite introducir una lógica democrática que defiende un sistema económico y socio-político que hagan posible la priorización de los intereses colectivos sobre los de las actuales minorías dominantes.

      • Ello representa en el terreno ecológico la exigencia de medidas que permitan neutralizar los graves desastres medioambientales y la explotación desenfrenada que agota hoy los recursos energéticos y materias primas existentes en el Planeta, buscando en la defensa de nuestra biosfera la recuperación de las condiciones materiales que hagan posible la existencia humana.

      • En lo que a nosotros/as se refiere merece especial mención la consideración de que el nuevo tejido económico derivado del reparto de la riqueza plantea la necesidad de la urgente recuperación de los sectores primarios de Euskal Herria, aniquilados por uno de los procesos capitalistas de industrialización más destructivos que se hayan conocido. En este sentido, la recuperación y regeneración de este sector exige una reordenación del territorio según las directrices que acompañan la lógica del desarrollo democrático del ecosistema vasco.

      • Sin salir de los aspectos ecológicos, en lo que hace referencia a la defensa de la biodiversidad cultural de la humanidad, el nuevo modelo debe permitir recuperar nuestra identidad nacional, mortalmente agredida tras siglos de opresión por el imperialismo de los Estados español y francés que dividen nuestra Nacionalidad. Ello conlleva un desarrollo social que fortalezca progresivamente nuestra lengua y cultura propia, impulse nuestra construcción nacional, consolide nuestra solidaridad interna y aumente el poder de nuestra comunidad.

      El reparto del trabajo y la dinámica de acumulación citada permiten frenar la depredación ecológica y reorientar el modelo de consumo hacia una recuperación multicolor y multidimensional de nuestra comunidad. En el fondo del camino esta el telón diseñado por el Movimiento Ecologista Vasco que, a través de Eguzki, aborda el reparto del trabajo como una importante condición social para la recuperación de nuestro ecosistema, tratando de gestar un desarrollo democrático opuesto al consumismo-desarrollismo, que genere de manera consciente la sociedad desmercantilizada del "de cada cual según sus habilidades y a cada cual según sus necesidades".

      La sociedad desmercantilizada

      En tercer lugar, profundizando la senda emprendida, nos enfrentamos al decisivo reto de desmercantilizar la sociedad desarrollando el trabajo de valor de uso y el mundo de la utilidad social. El caballo de las nuevas tecnologías puede también crearnos mejores condiciones objetivas en este sentido. Precisaremos así:

      • En primera instancia porque la propia producción que valoriza el capital distribuye cada vez menos salarios y plantea la necesidad de transformar la propia base de la economía cimentándola sobre la producción de valores de uso (los nuevos derechos obreros elaborados por el escritor vasco García Salmones, se asientan en esta realidad).

      • En segunda instancia porque durante el tiempo de trabajo liberado se desarrollan una serie de actividades humanas creadoras de valores de uso (creando bienes colectivos y potenciando las redes de servicios diversos al servicio de la comunidad).

      • En tercera instancia porque la calidad de vida depende cada vez menos del volumen de la producción y del poder adquisitivo y cada vez mas de los bienes comunitarios (transportes colectivos, sistemas de enseñanza y sanidad, bibliotecas públicas, bases de datos de acceso popular etc.) y del entorno ecológico, urbanístico, cultural y político.

      La revolución cultural

      En cuarto lugar debemos considerar que el "tiempo liberado" es la base material de una potencial revolución cultural. Apuntaremos así que:

      • La nueva dinámica de renta universal y reparto del trabajo trata de superar la división del tiempo libre generado por las nuevas tecnologías y diseñada por el capital a través del desempleo, de manera que el/la que tiene trabajo no vive porque vive para trabajar y el/la que no tiene empleo no sobrevive porque carece de los medios más elementales para la reproducción de su existencia inmediata.

      • En estas condiciones, conviene recordar que la reducción del tiempo de trabajo ha sido una de las mas "profundas reivindicaciones históricas" del movimiento obrero, relacionado con la calidad de vida y que por lo tanto conecta directamente con el cuestionamiento del actual modelo de vida, producción y consumo.

      • Esta reducción del tiempo de trabajo conlleva en su seno un imaginario social susceptible de cristalizarse en mil diferentes maneras (un año sabático cada 8 años, la semana de 4 horas, un mes adicional de vacaciones al año, etc.) en función del proceso cultural.

      • En este sentido merece remarcar el enorme progreso de felicidad, cultura y cualificación susceptible de ser producido por la reducción del tiempo de trabajo en el interior de un modelo de trabajadores/as activos/as. Ello permite abrir para todos/das las puertas del mundo de la autorealización.

      • En relación a la esfera ética es importante considerar que una política del reparto del trabajo y salario social lleva en su seno el desarrollo social del valor ético de la "solidaridad". Esta se expresa en diversos niveles:

        • Con las generaciones venideras, evitando que el egoísmo de una generación no hipoteque el porvenir.

        • Con los pueblos del Tercer Mundo, abriendo el margen de maniobra que posibilita a éstos el crecimiento de su producción material.

        • Con los trabajadores/ras del Centro que actúan de avanzadilla en la implantación de la reducción de jornada, evitando que los trabajadores/ras de nuestra tierra, en la lógica de la oleada neoliberal, protagonicen un dumping social que dificulte y neutralice sus esfuerzos.

      • Se abre así la puerta a una importante revolución cultural que valore las posibilidades y potencialidades del tiempo libre (condición material en la formación, la cualificación, la euskaldunización, la participación socio-política y la humanización) que "priorice el ser sobre el tener", reconsidere nuestras formas de vida, y desarrolle nuestra esfera ética.

      Antxon Mendizabal

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